EL DOLOR DE ESPALDA Y EL
EJERCICIO
Las "patologías mecánicas del raquis" son la principal
causa del dolor de espalda e incluyen diagnósticos como hernia discal, espondilolistesis,
escoliosis o artrosis vertebral. En los países industrializados, el 80% de la población
sufre algún episodio de dolor de espalda en algún momento de su vida. Representan la
principal causa de absentismo laboral y los gastos que generan representan el 1,7% del
Producto Interior Bruto.
Para su prevención y tratamiento se han propuesto muchos fármacos,
métodos y aparatos. Sin embargo, muy pocos han sido evaluados con métodos científicos
adecuados, y pocos de los que lo han sido han demostrado ser realmente eficaces. Sólo lo
han demostrado (para más información: www.kovacs.org):
a) Los analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares, para el
alivio transitorio de los síntomas, no recomendándose salvo excepciones una
administración continua durante más de 14 días.
b) La intervención neurorreflejoterápica (NRT) para el tratamiento de
los casos resistentes a 14 días de tratamiento farmacológico y en los que no hay
criterios para la cirugía de urgencia.
c) La cirugía. Aunque por sus características propias no se pueden
hacer estudios científicos metodológicamente fiables para evaluar su eficacia, el
consenso de la comunidad científica internacional ha definido los casos en los que está
indicado operar a un paciente con dolor de espalda. Estos criterios son muy restrictivos y
afectan a menos del 1% de los enfermos.
d) La higiene postural consiste en normas para adoptar posturas,
realizar movimientos y acometer esfuerzos de modo que la carga que soporte la columna
vertebral sea lo menor posible. Ha demostrado ser eficaz para prevenir la aparición o
repetición de las crisis dolorosas y mejorar el grado de autonomía de los pacientes.
e) El ejercicio. El ejercicio está contraindicado en plena crisis
aguda de dolor, pero es eficaz en los pacientes sanos para prevenir su aparición y en los
enfermos para acelerar su recuperación y mejorar su autonomía. Deben evitarse siempre
los ejercicios que desencadenen dolor, o aumenten el que exista previamente. Sin embargo,
existe una gran diferencia entre el ejercicio adecuado, que fortalece y previene el dolor,
y el esfuerzo excesivo, que lesiona y causa dolor. En un sano, disponer de un entrenador
competente es una garantía para beneficiarse de las ventajas del ejercicio sin exponerse
a sus riesgos, además de un apoyo para las voluntades menos decididas.
En un paciente que ya padece o ha padecido dolor de espalda, la
situación es más compleja. En función de cuál sea la afección, los ejercicios
indicados para un paciente pueden ser contraproducentes para otro. Los estudios
científicos disponibles demuestran que una estrategia de tratamiento basada en los mismos
ejercicios para todos los pacientes es ineficaz y, con frecuencia, contraproducente. Es
necesario que un médico competente realice una meticulosa exploración física a cada
paciente para determinar los ejercicios que son adecuados en su caso específico y el
orden en el que debe ejecutarlos, diseñando un programa individualizado de ejercicio. Las
"fórmulas estándar" no sirven.
Además, en los pacientes la realización del ejercicio debe ser
todavía más cuidadosa. Pequeños errores que en un sano no plantean riesgos pueden
desencadenar dolor o repartir inadecuadamente la carga en las estructuras lesionadas o
agravar las afecciones existentes. Pese a haber sido óptimamente diseñado por un médico
competente, un programa de rehabilitación muscular puede ser nocivo si su ejecución es
errónea. Por eso, quiénes padecen o han padecido dolor de espalda deberían comenzar
siempre esos programas bajo la supervisión de un entrenador competente, y los médicos
debemos ser muy exigentes en la selección de los entrenadores que podemos recomendar a
nuestros pacientes.
Como médico, he recomendado con frecuencia la tutoría de Marcos Flórez, tanto a sanos con fines preventivos como, sobre
todo, a pacientes, con el fin de desarrollar los programas de rehabilitación muscular que
yo había diseñado para ellos. Comencé a hacerlo porque constaté sus conocimientos, su
interés por mantenerlos actualizados y el rigor con el que los aplicaba. Después de
años de colaboración, sigo recomendándolo porque, además de haberme demostrado su
competencia profesional, he comprobado su habilidad para conseguir que las personas con
menos hábito y vocación para hacer ejercicio, se acostumbren a hacerlo.
Dr. D. Francisco Kovacs
Director del Departamento Científico Fundación Kovacs |